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el desarrollo vocacional de nuestros jóvenes

Una vida de servicio: Mons. Luis del Castillo.

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No alcanzan las palabras para despedir a Monseñor del Castillo. Un gran hombre, jesuita que permanecerá en el corazón y la memoria de muchas personas del ámbito nacional e internacional… Recordamos y agradecemos su gran aporte como integrante del Jurado de la Fundación desde los inicios, con su mirada precisa y sensible.

Compartimos las palabras de Marcos Supervielle, cofundador y ex integrante del Jurado de Fundación Chamangá.

Estimados amigos y amigas de la Fundación Chamangá:

Nos comunicamos con Uds., para trasmitirle la triste noticia de la muerte del Obispo Luis Del Castillo con quién compartimos por muchos años el Jurado para la selección de becarios y becarias de nuestra Fundación.

Conocí a Monseñor Del Castillo en esas largas sesiones del  mencionado Jurado, que tenía la difícil e ingrata tarea de concluir el proceso de selección de los jóvenes aspirantes, que ya habían pasado por varias fases de revisión de los criterios formales para ser candidatos a la beca: presentación de su solicitud, presentación de las pruebas de su vocación, entrevistas realizadas muchas veces en el lugar de residencia del aspirante, estudio de su expediente por parte de la Comisión de Selección y del equipo técnico de Chamangá, para culminar con una última entrevista en Montevideo ante el Jurado.

Este proceso de selección que se realiza desde su inicio, con mucha rigurosidad y respeto a los aspirantes a las becas, llevaba a que se redujeran aproximadamente de 500 aspirantes a un grupo de una treintena, que eran los que entrevistábamos en el Jurado. En esta última fase de selección, por lo tanto, concurrían candidatos/as a la beca de muy buen nivel, y esto requería un trabajo muy sutil, para distinguir los y las que finalmente recibirían la beca al año siguiente.

En este contexto, Luis Del Castillo jugó siempre un papel muy relevante. A mi personalmente me enseño a leer, quizás con mayor profundidad, las cartas de las solicitudes de becas, y a discernir entre aquellas que contenían elementos que mostraban una auténtica vocación, de aquellas que todavía no expresaban una convicción vocacional afirmada. Y ello, particularmente en relación a la dimensión social hacia la comunidad, que acompañaba su declaración vocacional. Otras veces, y me vuelve a la memoria una discusión en la Comisión, sobre el caso de una aspirante a becaria que solicitaba la beca para realizar estudios sobre actividades lúdicas y recreativas.

En un primer momento, los miembros que integraban el Jurado, teníamos una visión más bien negativa acerca de este tipo de estudios que, además, solamente se dictaban en una Universidad privada católica de Montevideo. Y era un criterio de la Fundación el que las becas que se otorgaran no fueran para pagar los estudios en instituciones privadas.

La aspirante a becaria defendió su solicitud con una convicción que cautivó al Jurado, señalando que en la frontera de Uruguay y Brasil, de donde venía, la posibilidad de encausar a niños y jóvenes en situación de marginalidad y desamparo, era solamente a través de actividades recreativas. Esta exposición de motivos para obtener la beca fue convenciendo al conjunto del Jurado, aunque todavía tenía fuertes reparos para aceptar que la Fundación financie sus estudios en una institución privada, lo que entendían desnaturalizaba el sentido de la beca. Mientras se discutía esto, Monseñor Del Castillo se apartó, e hizo una simple llamada telefónica a la institución en cuestión. Al terminarla, nos comunicó que la Universidad católica le iba a otorgar una beca a la joven para seguir dicha formación, por lo que se resolvió cubrir por la beca de Chamangá los gastos de residencia en Montevideo.

El compromiso y la generosidad de Luis del Castillo con la Fundación Chamangá fue particularmente ejemplar, por más que esta Fundación no fuese de su confesión religiosa. De hecho, la Fundación nunca tuvo ni tiene, ninguna confesión ni religiosa, ni ideológica, e incluso aunque muchos de sus miembros seguramente tengan reparos con respecto a la Iglesia católica, nunca fue un motivo para que él mismo, dejar de apoyar generosamente a la Fundación y a sus becarios y becarias, mismo cuando dejó de cumplir sus funciones religiosas.

                                           Marcos Supervielle

 

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